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Año: 2014 - Técnica: digital. - Formato: 20x20 cm.
Año: 2014 - Técnica: Lápices de colores sobre cartulina naranja. - Formato: A3.

Año: 2014 - Técnica: Grafito y color digital. - Formato: A3.
De niño odiaba las zanahorias. Me parecía muy atrevido que una verdura tuviera una textura tan sólida y fuera dulce como una fruta. Mi paladar no lo entendía y tampoco la estructura de mi cabeza. La verdura era para la sopa y no debía ser dulce. Así reaccionaba yo con mi precario sentido culinario. Pero, sobre todo, el agravante era su color: el naranja. Nunca me gustó. Me resultaba pedante su desfachatez tonal tan escandalosa. Aún de adulto me lleva trabajo asimilarlo pero me acostumbro a él tímidamente y con la serenidad que va dando el transcurrir de los años. Por eso mi aproximación a la tarta de zanahoria.

Si hago memoria, no podría decir cuándo fue la primera vez que la preparé. Imagino que habrá sido en una época vegetariana que me dio por estrechar mi amistad con las hortalizas. Me di la oportunidad de probar un terreno gastronómico del que me mantenía alejado. Refunfuñando habré comprado algunas zanahorias y demás ingredientes. Pero el resultado del reto fue gratificante. Quizá porque la tarta de zanahoria es dulce pero, al menos a mí, nunca me ha sabido a zanahoria. O tal vez es que eludo su sabor inconscientemente.

De cualquier manera, creo que es el conjunto de especias, aromas y esponjosidad lo que valida el placer de su preparación y, desde luego, su degustación. Es un postre clásico de la gastronomía estadounidense que he importado felizmente a mi recetario. La he preparado en incontables ocasiones, de hecho, es la que suelo hornear. Normalmente no le agrego la cubierta de queso crema porque me gusta comerla lo más simple posible, pero he de admitir que le añade una dimensión sedosa al conjunto.

Con el tiempo me he confraternizado con la zanahoria. He respetado su color y textura y le agradezco que haya formado parte de agradables momentos de meriendas y cumpleaños en forma de tarta. A fin de cuentas, el paladar también madura si se le da la oportunidad y se le crea el hábito. Lo único que me mantiene al margen es el naranja. Cuando tengo la ocasión, me propongo como reto usarlo como color predominante en una ilustración, pero aun le doy poco protagonismo. Sólo lo uso para acompañar al rojo y al amarillo en algún degradado o como una pincelada que no ocupe el 3% de la obra.

Es el color favorito de uno de mis buenos amigos, el de uno de mis maestros, algunas paredes de las aulas donde estudié y el color corporativo de mi banco de confianza. Al menos, la zanahoria posee el color adicional de sus hojas: el verde, uno de mis colores preferidos. Pero esa parte de la verdura no se come o, al menos, yo no me atrevo.

Sí, creo que su exquisitez la prefiero camuflada entre los ingredientes de la tarta.











Año: 2014 - Técnica: tinta negra y acuarela - Formato: 10x15 cm c/u.























author
Kao Rocco
Ilustración infantil / Children´s illustration