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sábado, 1 de junio de 2013

Amor platónico en dos paradas...

Año: 2013 - Técnica: lápices de colores sobre cartulina negra. Formato: A4
Los asientos del metro estaban prácticamente desocupados y el golpeteo de los raíles se notaba con mayor intensidad después de las horas pico de la mañana. Un pequeño tapir estaba sentado y sorbía a ratos el agua de un botellín. Leía las efemérides tras un gran periódico: "Tal día como hoy el ave Fénix cumpliría quinientos años más de vida. En la antigüedad fue una figura venerada por su majestuosidad y belleza".

El tren se detuvo en una estación y continuó su recorrido. Repentinamente una corriente frontal de calor subió por las patas del tapir. Dejó su lectura y asomó la mirada entornada por lo alto de las páginas del rotativo. "¡Es ella! ¡El ave Fénix con su nido!" -se dijo asombrado mientras se ajustaba las gafas-

El tiempo había teñido de blanco su antiguo plumaje rojo. Aun así, no dejaba de ser un ave magnífica, tal como le habían contado. El pequeño tapir sacó un pañuelo de su americana y se quitó el sudor que le invadía la frente. "¡Si tuviera sus alas, sería un tapir bello, respetado y viviría eternamente! ¡Con quitarle una pluma bastaría para ser un héroe y presumiría ante bellas tapires que me traerían hierbas frescas y me bañarían todos los días en una bañera con agua templada rociada con aroma de menta y... ¡Pero menudo idiota!" -se dijo el tapir- "¡Seguro que en el intento me quemo la pata o me vomita fuego! ¡O ambas cosas!". Abandonó sus pensamientos mientras le quitaba presión al nudo de su corbata.

Para el ave Fénix ese era el único día de su vida que no salia a volar. Le gustaba dejarse ver por la gente y ser reconocida aunque, según pasaban los siglos, ya casi nadie la recordaba. Fijó la mirada en el tapir, quien seguía viéndola como hechizado por el fuego. El ave Fénix era muy astuta y le había leído los pensamientos. Se preguntó si esa diminuta bestia estaría dispuesta a ocupar su lugar mitológico como ser magnífico y admirable ¡Tenía que intentarlo! Sólo le quedaban dos estaciones para llegar al centro de la capital y cumplir con el ciclo que tanto le agotaba: dejarse quemar por los rayos del Sol y renacer de sus cenizas... bla, bla... Aquello le aburría hasta el sopor.

"Próxima estación: intercambiador" -se escuchó defectuosamente por la megafonía-. El tapir se puso en pie, enrolló su periódico y se lo colocó bajo la manga de su americana gris. El ave Fénix le siguió con la mirada.

El tren frenaba mientras se acercaba a la parada. El tapir esperó frente a la puerta del vagón e instintivamente se giró hacia el ave. Le reverenció enarcando las cejas, asintiendo y cogiéndose el ala de su minúsculo sombrero. Finalmente el tren se detuvo y, antes de que se abrieran las puertas del vagón, el ave le devolvió el saludo diciéndole: "Si quieres vivir para siempre y convertirte en una criatura gloriosa como yo, tendrás que acompañarme hasta mi parada".

Una gota de sudor se deslizó por el hocico colgante del tapir. ¡Estaba en trance! "Glorioooooosa..." era lo único que resonaba en su cabeza como el eco en el interior de una caverna.

¿Qué me dices? -insistió el ave-

Una multitud ruidosa entró en el vagón y empujó al tapir para abrirse paso. Éste se sujetó a un asidero para no caer al suelo y le dijo al ave Fénix: "No señora, los tapires no volamos y nos gusta mucho el agua. Por lo tanto mi destino no es el fuego, como el suyo. Soy bello a mi manera".

El tapir se escurrió al andén antes del cierre de las puertas. Se quedó inmóvil frente a la ventana del vagón desde cuyo interior ella lo miraba. El ave Fénix forzó una sonrisa mientras apoyaba lentamente una de sus alas sobre el cristal. El tren tomó velocidad y se convirtió en un punto de luz a lo lejos. El pequeño tapir no le quitó la mirada hasta verlo desaparecer de los túneles. En su cabeza seguía resonando la misma palabra: "Glorioooooosa". Suspiró y se dirigió hacia la salida. El andén se quedó vacío.

El ave Fénix desembarcó resignada en la estación "Sol" y cumplió irremediablemente con su ciclo de muerte y resurrección.

Quinientos años más tarde, aquellas mismas efemérides fueron publicadas en los periódicos. Una jirafa acalorada las leía en el metro...

Kao Rocco - Enero 2013

1 comentario:

  1. Me encanta que bonita ilustración, preciosa expresividad de los personajes, es precioso. FELICIDADES

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Kao Rocco
Ilustración infantil / Children´s illustration