Kao Rocco Portfolio
Ilustración infantil / Children´s illustration

Con la tecnología de Blogger.
Año: 2016 - Técnica: grafito/digital - Formato original: A3.


Año: 2016 - Técnica: grafito/tinta - Formato original: A4.
Año: 2015 - Técnica: grafito - Formato original: A4.

Año: 2015 - Técnica: lápices de colores acuarelables/retoque digital. - Formato original: A3.
La chica de la ilustración se llama Flora Bouquet y la diseñé hace unos cuatro años como ejercicio de clase. Por aquel entonces yo no quería dibujar “niñas” pero tenía que cumplir con el profe, así que dibujé, dibujé y dibujé hasta que nació. Creo que Flora salió cantante porque me maravilla la música y estoy rodeado de ella. Cuando terminé el diseño definitivo, la incluí como personaje en una feliz aventura gráfica que duró nueve meses. Pero esa es otra historia.

Después de aquello, Flora quedó archivada pero su rostro aparecía insistentemente en mis libretas cuando dibujaba en el andén del metro o en algún otro tiempo muerto. Respondiendo a esa llamada, se me ocurrió traerla de vuelta. De allí surge la idea de compartir su primera playlist “Covers y más" desde Spotify. Se puede acceder a ella escribiendo “Flora Bouquet” directamente en el buscador de la aplicación de escritorio o mediante este enlace web:


Aunque Flora es sólo un dibujo estático, en mi imaginación es ella la auténtica intérprete de cada canción seleccionada. Su voz sólo existe en mi cabeza y es una mezcla de muchas voces (populares, líricas, femeninas y masculinas). Además, toca la trompeta, la armónica y el ukulele con gran desvergüenza. Sí, es una virtuosa de las cuerdas. Los géneros que más le gustan son el blues, el soul y el jazz, aunque con este último su relación amor-odio es muy radical: sólo se queda con las piezas vocales más clásicas y populares. El jazz contemporáneo lo bordea para no tocarlo y en el camino de regreso acaba con algún desahogo pop-kitsch o disco. También suele colar en sus listas alguna pieza de bossa nova, covers en francés, swing y algún ritmo latino.

Clásica, sobria, vintage, desconcertante y bohemia, Flora Bouquet es -más que una hija- una amiga surgida de un camino inesperado.

Y gracias a Spotify por abrir mucho más las puertas de la música.

Realización previa:


Ajuste de formas:


Ajuste de líneas:


Ajuste de color:


Estudio de luces y sombras:


Año: 2015 - Técnica: grafito/digital. - Formato: 48x24 cm.
Año: 2015 - Técnica: digital. - Formato: 3543x3543 pixels.




Año: 2014 - Técnica: digital. - Formato: 20x20 cm.
Año: 2014 - Técnica: Lápices de colores sobre cartulina naranja. - Formato: A3.

Año: 2014 - Técnica: Grafito y color digital. - Formato: A3.
De niño odiaba las zanahorias. Me parecía muy atrevido que una verdura tuviera una textura tan sólida y fuera dulce como una fruta. Mi paladar no lo entendía y tampoco la estructura de mi cabeza. La verdura era para la sopa y no debía ser dulce. Así reaccionaba yo con mi precario sentido culinario. Pero, sobre todo, el agravante era su color: el naranja. Nunca me gustó. Me resultaba pedante su desfachatez tonal tan escandalosa. Aún de adulto me lleva trabajo asimilarlo pero me acostumbro a él tímidamente y con la serenidad que va dando el transcurrir de los años. Por eso mi aproximación a la tarta de zanahoria.

Si hago memoria, no podría decir cuándo fue la primera vez que la preparé. Imagino que habrá sido en una época vegetariana que me dio por estrechar mi amistad con las hortalizas. Me di la oportunidad de probar un terreno gastronómico del que me mantenía alejado. Refunfuñando habré comprado algunas zanahorias y demás ingredientes. Pero el resultado del reto fue gratificante. Quizá porque la tarta de zanahoria es dulce pero, al menos a mí, nunca me ha sabido a zanahoria. O tal vez es que eludo su sabor inconscientemente.

De cualquier manera, creo que es el conjunto de especias, aromas y esponjosidad lo que valida el placer de su preparación y, desde luego, su degustación. Es un postre clásico de la gastronomía estadounidense que he importado felizmente a mi recetario. La he preparado en incontables ocasiones, de hecho, es la que suelo hornear. Normalmente no le agrego la cubierta de queso crema porque me gusta comerla lo más simple posible, pero he de admitir que le añade una dimensión sedosa al conjunto.

Con el tiempo me he confraternizado con la zanahoria. He respetado su color y textura y le agradezco que haya formado parte de agradables momentos de meriendas y cumpleaños en forma de tarta. A fin de cuentas, el paladar también madura si se le da la oportunidad y se le crea el hábito. Lo único que me mantiene al margen es el naranja. Cuando tengo la ocasión, me propongo como reto usarlo como color predominante en una ilustración, pero aun le doy poco protagonismo. Sólo lo uso para acompañar al rojo y al amarillo en algún degradado o como una pincelada que no ocupe el 3% de la obra.

Es el color favorito de uno de mis buenos amigos, el de uno de mis maestros, algunas paredes de las aulas donde estudié y el color corporativo de mi banco de confianza. Al menos, la zanahoria posee el color adicional de sus hojas: el verde, uno de mis colores preferidos. Pero esa parte de la verdura no se come o, al menos, yo no me atrevo.

Sí, creo que su exquisitez la prefiero camuflada entre los ingredientes de la tarta.











Año: 2014 - Técnica: tinta negra y acuarela - Formato: 10x15 cm c/u.























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Kao Rocco
Ilustración infantil / Children´s illustration